domingo, 13 de septiembre de 2009

Sobre mi página.

Agradezco al conjunto de redes y ordenadores interconectados, o sea, al espacio cibernético, ya que en el puedo publicar de forma libre, y sin restricciones.




He reconstruído este lugar, y lo he  convertido en  un  hermoso abanico cultural.

Sé que Dios hará que  los rayos  se expandan  por doquier, glorificándose en este rincón cultural.

jueves, 13 de agosto de 2009

Angel 51



En aquel instante el corazón de Karen le quería abrir el pecho en dos.
En el monitor apareció un rostro hermoso, dulce, pero a la vez triste.
Jacob le pasó el teclado a su ansiosa madre, y acomodándola frente a la pantalla, discretamente fue retirándose del pequeño espacio.
Sentado a cierta distancia, se complacía al ver como la llenaba la emoción.

El sótano


La brisa a veces silbaba, en ocasiones rugía. Entre niños y adultos había unas diez personas refugiadas en aquel sótano.


Los más atrevidos de cuando en vez, rodaban el gran portón. Sacaban la cabeza para ver lo que sucedía afuera. Estos contaban aterrados la manera en que los árboles centenarios se doblaban ante la fiereza del viento. Algunos se apiñaban; a veces por el frío, en otras por el miedo.

No importará si la puerta se abre


Melisa teniendo pocos años conoció el amor.
Su familia se había acabado de cambiar de casa. Aquella mudanza transformó su vida para siempre.
El vecino, joven de mirada profunda y porte de príncipe la cautivó por completo.
Yo diría, que sus corazones latían al unísono.

Estoy sola


De repente como el ave fénix, me levanté, brotó la canción. Esa que nunca supe quien la escribió. Al cantarla danzaba en círculos, cual bailarina experta:
- “Cada noche, hay una hora de pensar en ti, hay una hora de pedir por ti.”
Mi voz que conservaba el mágico poder de la interpretación a través del tiempo, siguió cantando aquella, que sin ser mía, ya formaba parte de mi vida:
- “Cada noche hay un suspiro que te clama a ti, hay un latido de este corazón, que tristemente piensa en ti.”

Debo escribir acerca de Carmen


Carmen era una niña tranquila callada, y sumamente inteligente. Se sentaba en la segunda butaca de la primera fila.


En el recreo nunca jugaba, cosa extraña; solo tenía nueve años.
Su aspecto personal, reflejaba el trato que recibía. En su mirada no había el más leve vestigio de alegría.
fueron innumerables las ocasiones, en las que quise abordarla, pero sencillamente contestaba con monosílabos.

La Mariposita


Había una vez una oruguita color marrón, que vivía en el país de los jardines. La pequeña estaba posada encima de una hoja del jardín de las hortensias, comiéndola poquito a poquito.